Una actitud correcta

“INSTRUIDME Y YO CALLARÉ, MOSTRADME EN QUÉ HE ERRADO”. (JOB 6:24)

Quien habla aquí es el afligido Job, un hombre, según Dios, recto, perfecto, temeroso de Dios y apartado del mal. Pero en el momento de pronunciar estás palabras, estaba atravesando el peor momento de su vida; en un solo día vino su desolación y ruina, perdió todos su bienes, sus diez  hijos murieron, comenzó a aparecérsele por todo el cuerpo una sarna maligna, sus amigos lo acusaron de ser el único culpable de toda su desgracia y su esposa le aconsejó que maldiga a Dios y se muera.

Podemos entender, a través  de este conmovedor y revelador relato, que el ser una persona santa y noble no nos libera de que seamos probados; vendrán momentos en la vida en que seremos duramente zarandeados.

El Señor Jesús, en un momento de su ministerio, comenta con Pedro que Satanás estaba reclamando la vida de los doce discípulos para zarandearlos como el viento al trigo, es decir que él deseaba tocar sus vidas, dañarlos, enviarles enfermedades y todo tipo de mal.

Puedes notar que, tanto en el caso de Job como en el caso de los doce, Satanás pide el consentimiento de Dios para atacar a la vida de un hijo de Dios; esto quiere decir que Dios tiene el control absoluto de la vida de sus hijos que son obedientes y temerosos de Él, que era el caso de Job y de los doce de Jesús.

Amado, puedes tener la absoluta seguridad de que el Señor tiene el señorío de nuestras vidas, si nos movemos en total dependencia y obediencia a Su Palabra; Él es quien determina los momentos en tu vida.

Hasta puede parecerte, muchas veces, que Dios se olvida de ti; esto pensaba Job porque pasaba por momentos demasiado duros a su criterio; no sentía la presencia ni la respuesta de Dios por ningún lado, solo que él no entendía que Dios estaba muy por dentro de todo este asunto y, más aún, que Él lo había preparado y autorizado para probar su fe, fortalecer su carácter y bendecirlo aún el doble de lo que antes había sido bendecido.

Cuando nos encontramos en una situación angustiante es muy difícil ver la mano de Dios en ello, es más, nos rehusamos a verla y a aceptar que Él pudiera estar involucrado en tal asunto; decimos:

“Un Dios tan bueno, no permitirá que yo pase por una situación tan mala”. Pero es mi obligación comunicarte que tu Padre está más que involucrado de lo que piensas en toda situación difícil que te toque pasar en la vida. ¿Por qué? Porque Él quiere bendecirte el doble, Él quiere tratar contigo, y también quiere que tu fe sea fortalecida; Él no solo está interesado en tu bienestar inmediato, presente sino en tu futuro y en el de tus descendiente.

Él es un Dios de construcciones y edificaciones y, tal vez para edificar un futuro de bendición para ti, él necesite en este presente derribar construcciones defectuosas de tu vida, esto conlleva, lógicamente, mucho dolor y sufrimiento, como en caso del justo Job; pero fíjate en la expresión y actitud que determinó su bendición futura y la de su descendencia; él dijo:

“Señor, muéstrame en qué he fallado y yo estaré callado escuchándote; enséñame, yo quiero aprender de mis errores” y esto hizo toda la diferencia.

La Biblia cuenta que Job, quien ya era riquísimo, fue bendecido el doble en todas las posesiones que tenía, que Dios le dio hijos y que ninguna joven de la época podía igualar en belleza a las hijas de Job, Dios lo sanó completamente de toda enfermedad y finalmente él tuvo que orar por aquellos amigos que tanto lo criticaron cuando estaba en gran aflicción, para que ellos pudieran ser perdonados por Dios.

Dios lo honró delante de todo el pueblo, porque primeramente él supo honrar a Dios en momentos de dificultad; no renegó de su Creador, no profirió palabras negativas, de quejas, de enojo, de reproche, supo aceptar humildemente la situación que en ese momento le tocaba vivir y, aún en medio del dolor, él glorificaba a Dios entendiendo que era una situación por la que le era necesaria atravesar. Porque la Palabra nos enseña:

“Que la prueba es necesaria y aun el oro es probado”

Pero, tu actitud determinará tu altitud.

Con todo amor...

Pastora Ruth Díez Pérez